Por Andrés Kilstein

Fragmento de "Camino a Auschwitz"
Camino a Auschwitz intenta ir al horror hasta la médula”, dice Julián Gorodischer. “El relato oficial sobre el Holocausto suele estar preservado por el dolor de los sobrevivientes y los deudos, y no nos hacemos preguntas por lo más humano. Es por eso que en Camino a Auschwitz hay cuerpos sufrientes, sexuados, humanizados”.

Julián Gorodischer, escritor y periodista (autor, entre otros títulos, de Orden de compra y La ruta del beso), acaba de publicar su obra más provocadora y perturbadora: Camino a Auschwitz y otras historias de resistencia, una colección de tres nouvelles que funcionan como tres capítulos independientes en los que hay un ancestro partisano que lucha contra los nazis, una tía abuela que se rebela en el campo de concentración y una tía que participa de la captura de Adolf Eichmann en la Argentina. En cada uno de ellos hay, además, elementos disruptivos: con sexo, tensión queer y panic attack, Gorodischer se vuelve provocador y hace un abordaje pop de estas historias graves.

Gorodischer habla aquí de martirio, resistencia y venganza, tomando como punto de partida la revelación de varios secretos familiares y algunas aventuras olvidadas en la cadena de las generaciones. Camino a Auschwitz también es una gran apuesta para un periodista preocupado especialmente por la renovación de las formas narrativas: esta vez, el lenguaje es el del cómic de no ficción (dibujado por Marcos Vergara, director de la editorial de historietas Loco Rabia, con Alejandro Faría).

¿Cuál fue el proceso para llegar a esta novela gráfica?
Se trató de un doble proceso. En primer lugar un viaje de retorno al origen familiar, a Polonia, donde tiene lugar el drama de varios antepasados. Paralelamente, nace en mí un interés por el periodismo en comic. A partir de Josh Neufeld, con su crónica del paso del huricán Katrina por Nueva Orleans, se desarrolla un movimiento que tiene rigor informativo, cuenta historias y al mismo tiempo recrea los postulados del Nuevo Periodismo. Este relato exhibe vivencialidad en cada escena pero no omite un trabajo exhaustivo de reporteria, de verdad gráfica esencial, de no distorsión del acontecimiento historico y de reconstrucción documental. En Camino a Auschwitz, con el lenguaje visual, se ingresa el sueño, hay un cruce con otras narraciones e imaginación sobre lo faltante. Esto último es importante porque por la destrucción de archivos, documentos y pueblos, así como por el recuerdo diferido de quienes prestan testimonio, el faltante documental es llenado con el mito.

"Camino a Auschwitz"

En un episodio Primo Levi se encuentra en una barraca de Auschwitz con tu tía abuela Paie: ¿es una escena ficcional?
Yo diría que es una yuxtaposición de no ficciones; es decir, es la superposición de dos testimonios.  Busqué producir escenas que se corresponden con el relato del familiar involucrado en cada caso, pero apuntando a una conexión imaginaria con escenas reales de otros relatos. En el episodio que mencionás me apoyo en fragmentos textuales de Primo Levi. Él tiene contacto en la barraca con una adolescente de la edad de Paie. Hay un desplazamiento que me permite insertar a mi familiar en esa escena. A la manera de la novela histórica, hay recreación, no un reflejo exacto de los hechos como haría un manual de historia. El lenguaje gráfico introduce nuevos parámetros de verdad, basados en la tradición historietística.

La presencia de sexo en los campos de concentración y el gueto, aun con el sexo a cambio de beneficios, es un capítulo silenciado del Holocausto. Al darle visibilidad, ¿buscó presentarlo como una novedad en relación a la perspectiva imperante?
A lo largo de mi trabajo he mostrado interés por el tema de la sexualidad. Mi libro anterior, La ciudad y el deseo (2011), es una guía sexual de Buenos Aires. En las tres nouvelles que conforman Camino a Auschwitz hay un cruce entre el dolor, el martirio, la adversidad y la pregunta por lo que hacemos con el deseo y el cuerpo en esos momentos. Mi intención era explorar las zonas incorrectas y erróneas para cierto sistema de dominación de discurso, para los custodios de la memoria del pueblo judío, marcados por determinadas prerrogativas, que colocan a la sexualidad y la homosexualidad en el silencio. Me interesó también abordar el tópico del cuerpo entregado con miras de supervivencia, que ya es un tema de la teoría queer.

Fragmento de "Camino a Auschwitz"

¿Cómo era la reacción de sus familiares cuando les pedía testimonio para la elaboración de las historias?
Hubo colaboración y hubo necesidad de buscar hacia atrás. La primera generación anterior no responde, no sabe o no recuerda. No puedo reprochar a la generación de mis padres haber sido privados de la memoria familiar, ellos no la tuvieron o no la supieron transmitir. La exploración debe ir más lejos.
A diferencia de lo que pasa con el interés por la identidad de los hijos de la dictadura militar, la identidad de los hijos de Europa del Este está silenciada. No la tienen ni los propios familiares. Hay mucho silencio, mucha ignorancia. Fue dificil conseguir testimonios directos y tuve una gran asistencia del  Instituto Judeopolaco, que me proveyeron de relatos de sobrevivientes y habitantes de gueto. Tuve que recurrir a nucha bibliografía con testimonios de partisanos. El único protagonista en Camino a Auschwitz que es sobreviviente y de quien obtuve un testimonio directo es mi tío abuelo Berl. Ni mi abuela Tzipe ni mi madre tuvieron una vivencia de los últimos años de martirio de mi tía abuela Paie. Son discursos diferidos, con valor de verdad muy bajo. Por eso se hacía importante que fuese el cronista el que saliese, el que viajase, para hacer una investigación in situ y biblliográfica.

¿Cuáles fueron sus referentes para esta obra?
Me gusta Joe Sacco, aunque él es de otra escuela, del dato duro, de la denuncia. Alison Bechdel trabaja tópicos que comparto como el secreto familiar, la familia disfuncional, el manejo de intriga alrededor de un secreto que marca el destino de la familia, el tabú de lo queer. Sarah Glidden tiene la capacidad de mirar sin actitud de estar entrevistando, afirmando la naturalidad del observador, del paseante. Tiene mucho que ver con el Nuevo Periodismo que apunta a la vivencia, la experiencia, la suplantación o simulación de un rol. Tomo referencia también en Guy Delisle, dibujante canadiense que acompaña a su mujer, Médica Sin Fronteras, a instalarse en Jerusalén. De los argentinos, son referencias Diego Agrimbau, Rodolfo Santullo, Ezequiel García, Augusto Mora.

Fragmento del storyboard de "Camino a Auschwitz"

En relación al periodismo en cómic, ¿por qué hay que buscar nuevas forma de narrar?
La forma nos emociona, no creo que haya otra cosa que no sea forma. La manera de contar define un pacto que asegura más el tono que el tema. La búsqueda de nuevas formas apunta a no anquilosar el mundo, abrir, replanteamos el valor de verdad.
Narramos en un tiempo vertiginoso con un cuerpo sujeto a la velocidad de Internet, a la comunicación 3D, a la proliferación de imágenes a través de YouTube. Hay que replantear un periodismo gráfico que capture este tratamiento de la imagen, para estar cabalgando la misma época, una época que nos exige pensar cómo exponemos la información, no sólo con qué acercamiento ideológico.
Esto cambia la forma de pensar, de la misma manera en que el nuevo periodismo cambió la mirada sobre la información. Es el “Nuevo Nuevo Periodismo”. El periodismo en cómic, lejos de ser una opción marginal, está desarrollándose. Estos avances no se ven tanto en la Argentina como afuera. Pero están apareciendo medios escritos que llevan el periodismo en cómic al gran público.

Julián Gorodischer. Foto: Fernando de la Orden

¿Por qué creé que el Holocausto sigue teniendo vigencia en la cultura popular?
El Holocasuto reúne todos los requisitos del drama intenso: crueldad inimaginable, un sistema perverso de matanza estatal con apoyo popular. Es quizá la unica vez en la historia moderna de occidente en que aparece ese rastro de irracionalidad colectiva. Marca un antes y un después de la historia de la filosofía, y si estás involucrado por tu familia, como es mis caso, te hacés preguntas sobre este origen trágico.
Pero estamos perdiendo las fuentes directas, los últimos testimoniantes vivos. Es una épica en extinción.  El primer sentido asociado al pueblo judío es el Estado de Israel y el conflicto de Oriente Medio, ya no Europa del Este y el Holocausto, como era hace veinte años. El Holocausto sigue repercutiendo en el hoy, con los juicios, museos, memoriales, compensaciones. Pero tenemos que empezar a hablar los descendientes terceros, como nos marcó tener madres y padres alterados por este origen. Pero creo en la posibilidad de diversificar el relato: Camino a Auschwitz no trata del Holocausto sino de cómo es vivido ese pasado familiar por un judio latinoamericano de 40 años. Es un tema distinto: la descendencia del Shoá.

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