Simja Sneh

Por Perla Sneh

Simja Sneh nació el 15 de octubre de 1908, en la pequeña ciudad de Pulawy, en la región de Lublin[1], en el seno de una familia tradicionalista. Su padre, Menajem (Mendel) era relojero y su madre, Taube, bordadora. Tenía dos hermanas mayores, Dora y Nina, y dos hermanos menores, Isroel y Mordje. De pequeño, cursó estudios judaicos con melamdim (maestros particulares) de diversos niveles y principalmente con su tío, Itzjok Weintraub, hombre muy versado en literatura tanto hebrea e ídish como clásica y universal. Hizo su bachillerato en el gimnazjum (colegio secundario) “Príncipe Czartoryski”, donde regía el numerus clausus, cláusula que limitaba el número de judíos admitidos. Completó estudios de historia y filosofía en la Universidad Libre de Varsovia (Wschejnitsa), trabajando al mismo tiempo como representante de una fábrica de papel, mientras militaba en el Partido Obrero Polaco Socialista (PPS) y se dedicaba al periodismo, tanto en ídish como en polaco. Su primer artículo, “Sobre el Teatro Popular y Obrero”, fue publicado en el órgano de la PPS, Robotnik (El Obrero) en 1936. Desarrolló actividades en grupos de teatro obrero, como “TES” y otros conjuntos similares, escribiendo reseñas para la prensa socialista polaca.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Sneh retornó de Varsovia –donde residía en ese momento- a su pueblo natal, donde permaneció por poco tiempo[2]. No logró convencer a sus familiares de que la única manera de salvar la vida era huir a la zona ocupada por los soviéticos. Finalmente, partieron sólo él y sus dos hermanos, ya que la familia suponía que los únicos que estaban en riesgo eran los hombres jóvenes, en edad militar. En la zona soviética, alentado por las autoridades –que prometían que quienes trabajaran en las minas de carbón podrían traer a sus familiares–, trabaja como minero en la cuenca del Don, en las minas Stalino y Novochaikino[3].

En 1941, al estallar la guerra entre la Alemania nazi y la URSS, Sneh –quien había hecho su servicio militar en el ejército polaco de preguerra­–, fue incorporado –como sargento-enfermero (combatientes que también colaboraban en la evacuación de los heridos)– al Ejército Rojo, con el que se adentró en la URSS[4]. Combatió en el frente sur y fue herido en la región de Dniepropietrovsk[5]. Una vez recuperado, fue incorporado, nuevamente, a las filas.

Por entonces, Stalin ordenó dar de baja a todos los combatientes que, hasta el año 1939, no hubieran sido ciudadanos soviéticos. Desmovilizado en la región de Rostov, Sneh viajó a Tashkent (Uzbekistán) y trabajó por un tiempo en un koljoz, contador-ayudante. Luego viajó a la ciudad de Guzar, donde fue incorporado al Ejército Polaco comandado por el general Anders. Al cabo de un tiempo, dicho ejército abandonó la URSS y se trasladó a una base cercana a Teherán (Persia) y, posteriormente, a la base de Habanía, a unos veinte kilómetros al este de Bagdad.

La formación fue más tarde trasladada a Eretz Israel, donde las organizaciones judías tomaron contacto con los soldados judíos, instándolos a quedarse en el país, a lo que la mayor parte respondió positivamente. Sneh trabajó durante un período en el kibutz Kfar Guiladi, pero su objetivo era ingresar como voluntario a la Brigada Judía (en hebreo “Jativá Yehudit Lojemet”–”Jai’l”) del Ejército Británico y volver al frente en Europa, cosa que logró. Para ello debió cambiar sus documentos, cambiando su antiguo nombre –Simja Itzjok Rozenblat– por Simja Sneh. Al cabo de un breve entrenamiento, la Brigada partió rumbo a Italia, donde tomó parte en acciones militares y, luego, sirvió en el Norte italiano, Holanda, Bélgica y Francia.

A causa de una dolencia,  Sneh es enviado a un hospital en Londres, donde fue operado. Mientras tanto, la Brigada fue reintegrada a Eretz Israel. Durante su convalecencia, Sneh fue enterándose, por cartas recibidas, de la aniquilación de toda su familia. Al mismo tiempo recibió una carta de un amigo de preguerra, residente en la Argentina, José Lenger z’l, quien lo invitaba a visitar este país[6].

En 1947, Sneh llegó a la Argentina luego de su desmovilización en Londres –donde, en  1946, publicó su primera novela, Oif fremde vegn (Por caminos extraños)– y trabajó en el diario ídish Di Presse. Al mismo tiempo, conservó la corresponsalía del diario ídish londinense Di Zait. En 1948, publicó en Buenos Aires Bleter oifn vint (Hojas al viento, poemas, ed. Ikuf);  en 1957 Dos gueshrei in der Najt (El grito en la noche, obra teatral, ed. Undzervort) y en 1977, El pan y la sangre (cuentos, ed. Sudamericana, 2a. Ed. 1987) que recibió la Faja de Honor de la SADE y el premio Fernando Jeno, de México.

Asimismo, publicó en la  Biblioteca Popular Judía en castellano (Cuadernos del Congreso Judío Latinoamericano) ensayos como Shmuel Yosef Agnón (1967), Historia de un exterminio y Breve historia del ídish (1976).

También realizó una vasta tarea de traducción, vertiendo al castellano obras del ruso y del ídish, como el Samizdat judio, (traducción, recopilación, selección  y ensayo introductorio, Comité argentino para el estudio de la minoría judía en la U.R.S.S., Buenos Aires, 1977), La rapsodia de Lvov, Esto es un asesinato, de M. Frenkel (cuentos, Bs. As., Milá, 1987), Territorio sordo, de Josef Okrutny (novela, Bs. As., Milá, 1992) y  Pájaros nocturnos, poemas de Itzik Manguer (traducción, selección y ensayo introductorio; prólogo de Ernesto Sábato, Bs. As., AMIA, 1975).

En Israel, Sneh publicó varios de sus cuentos en hebreo en los periódicos Davar, Maariv, Al HaMishmar y otros órganos de prensa. Fue director de la revista ídish de la Agencia Judía, Folk un Tzion y colaboró con la revista literaria Ierushalaimer Almanaj.

Su labor como periodista no fue menos profusa. En 1961, juntamente con Aharon Yurkevich z’l, fundó, en Buenos Aires, la primera revista judía literaria bilingüe (ídish-castellano), Alef, en la que colaboraban destacados escritores en ambos idiomas. En el otoño de 1968, creó y dirigió Raíces–La revista judía para el hombre de nuestro tiempo, que adquirió rápida notoriedad y gran difusión, con tiradas de hasta 20.000 ejemplares. Entre los colaboradores se contaban Ernesto Sábato, Marco Denevi, José Isaacson,  Leopoldo Marechal, Bernardo Kordon, Germán García, Alicia Dujovne Ortíz y muchos otros.

Sneh publicó ensayos y cuentos en La Nación, La Prensa y Clarín. Como funcionario de AMIA, fundó la revista Comunidad. Algunos de sus trabajos fueron traducidos al inglés, al portugués y al hebreo. Colaboró muchos años con el semanario Mundo Israelita, con su columna “A mi manera de ver”, para la que escribió más de 1.000 colaboraciones. Como docente ocupó la cátedra de literatura ídish en la Midrashá (Casa de altos estudios) y fue profesor de la misma materia en varias escuelas de la red escolar judía. Como conferencista se especializó en temática literaria judía y, principalmente, en literatura ídish en diversos países europeos y americanos. Otro tema de su preferencia era la influencia de la Cábala sobre las letras judías en varios idiomas.

Simja Sneh –que se retiró de la Embajada de Israel 20 minutos antes de que la volaran el 17 de marzo de 1992 y salió caminando del edificio derrumbado de AMIA el 18 de julio de 1994– gustaba decir que la muerte y él tenían un largo romance: “Viene… me toca el hombro… me quiere seducir, me amenaza…, pero siempre se va derrotada”.  Sin embargo, llegó el día en que, en Buenos Aires, cansado quizás, pero no derrotado[7], Sneh se dejó seducir. Fue el 4 de abril de 1999.

[1] “Ponga Lublin con L, no vaya a ser que ocurra como cuando tomé la ciudadanía argentina que escribieron “Dublín” (con D), con lo que pasé a ser un polaco irlandés.” Cfr. “De Polonia a la Argentina, pasando por el Ejército Rojo y la Europa en llamas”, entrevista de Luis A. Etcheverry, La Capital, Rosario, 28/7/1984

[2] “Volví –evoca Sneh– para tratar de convencer a los míos de que se fueran. Yo intuía que nos iban a matar a todos. Lo intuía por gestos y actitudes que iban más allá de la aparente inocencia de salir una noche cualquiera a destrozar escaparates del negocio de algún judío. Estando ya en mi pueblo, los alemanes nos apresaron a todos los judíos jóvenes de la zona, llevándonos a limpiar unas barracas (…) En un momento dado, el oficial que nos custodiaba preguntó si ‘los judíos’ teníamos hambres. Algunos respondieron que sí. Entonces ordenó –señalando el estiércol que habíamos juntado-: ¡coman! La sorpresa nos paralizó y nadie se movió.  (…) el oficial empuñó su pistola y apuntando a la cabeza de uno de los que habían hablado, le dijo: ¡Come! El hombre, un judío igual que yo, recogió el  estiércol con la mano se lo puso en la boca  y comenzó a masticar. En ese momento me asaltó definitivamente la intuición de nuestra muerte segura, pues razoné que si un oficial –no un simple soldado, sin educación alguna– actuaba así con nosotros, nada bueno podía esperarse en el futuro. También razoné que íbamos a estar mejor en la zona de Polonia ocupada por los soviéticos. Recuerdo que les dije a mis dos hermanas, ya casadas, que los alemanes nos iban a matar a todos. Ni ellas ni el resto de mi familia me hicieron caso. Entonces decidí pasar solo al sector soviético y, desde ahí, procurar el traslado de los míos. Nunca más supe de ellos. Todos, mis padres, mis hermanos, mis pequeños sobrinos, todos, absolutamente todos, desaparecieron para siempre.” Etcheverry, op. cit.

[3] “Trabajábamos duro, pero no nos importaba. Nuestra obsesión era poder traer a nuestras familias, algo que, por esas cosas de la burocracia, no lográbamos concretar nunca”. Etcheverry, op. cit.

[4] Uno de los hermanos de Sneh, Isroel, regresó a la zona ocupada por los nazis donde luego pereció con su familia. El segundo, Mordje, permaneció en Lvov, donde fue asesinado en el pogrom  llevado a cabo por los ucranianos como bienvenida a las tropas nazis invasoras.

[5] “‘¿Qué le puedo decir de aquello? Sólo me quedan imágenes, imágenes imborrables que todavía constituyen mis obsesiones nocturnas’.  ‘Recuerdo (…) una casa saltando en astillas por el impacto de un obús (…) ‘Lo veo a Piotr (…). Era un muchacho eslavo (…) a quien había cobrado mucho afecto. Huíamos a campo traviesa (…) En un momento dado, Piotr me dice que ya no da más (…) Yo le grito que siga, que no se detenga. (…) él se sienta, resollando. Una bala, que seguramente no lo habría alcanzado si hubiera continuado corriendo, le destroza la cabeza. Imágenes, imágenes. De la guerra el soldado sólo recuerda imágenes. Los grandes movimientos son para los historiadores.” Etcheverry, op. cit.

[6] Sneh relataba esta historia más o menos así: “Una vez, estando de licencia y viajando en tren de Bruselas a París, me encontré con un marinero holandés que tenía un whisky. Yo tenía comida y le propuse compartir nuestras vituallas. Así fue que comimos y bebimos. Y ustedes saben: dos hombres, después de beber juntos una botella entera de whisky, ya son hermanos. Le pregunté a dónde iba. El marinero me contó que zarpaba al día siguiente hacia una ciudad muy lejana: Buenos Aires. ‘Yo tengo un amigo ahí’, grité entusiasmado. ‘Escribile una carta’, propuso el marinero. ‘Pero no tengo la dirección’, objeté. ‘No importa’, dijo el marinero, ‘ya se la voy a hacer llegar’. Y de hecho escribí esa carta y el marinero la dejó en un bodegón del Bajo. Alguien avisó a mi amigo  que había para él una carta en un local del Bajo; él fue a buscarla. Me escribió y me propuso venir a la Argentina. Mi amigo hizo gestiones, pero en la embajada argentina me negaron la visa con estas palabras. Judíos, por ahora, no. Y, sin embargo, aquí estoy.”

[7] Cuando, ya en sus últimos días, Sneh fue internado, un médico –quizás queriendo evaluar la lucidez de ese paciente entrado en años- le preguntó cuál era su nombre. Daniel, contestó Sneh, sin vacilar. Su esposa Berta, inquieta, le preguntó: ¿Por qué dijiste que te llamás Daniel? Y Sneh respondió: Porque Daniel es el que venció a los leones.

Este texto figura en la edición de Sin rumbo, que publicó la Biblioteca Nacional en 2015.

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2 Comentario to “La pasión de Simja Sneh”
  1. Héctor Sagalovsky

    Que vida cinematográfica!!! Que orgulloso estaría hoy Simja Sneh de comprobar que su hija Perla heredó su talento literario. Excelente historia y excelente la forma de relatarla.

  2. Jorge Coniglione

    Tuve el honor de conocer a este HOMBRE diagramando una revista para la Comunidad que el dirigía.., recuerdo cada uno de sus gestos, frases profundas y brillantes largadas en forma espontanea…y una mirada profunda marcada por su historia de vida…solo sabía de el una mínima parte contada por conocidos en común…y me alcanzaba para sentir un profundo respeto y admiración, vi en el a un intelectual y a un luchador dos factores que potenciaban la cultura por la cual se desvivía. Hoy gracias a Sebastian (mi yerno) que me envió su biografía pude saber y entender más de aquella profunda forma de mirar.