Por Zulema Freiberg

Teresa Jaraz de Gruer con su nieto Mauricio Waisman

Cuando cumplí 50 años convoqué a mis seres queridos con un fragmento del poeta Armando Tejada Gómez (“Si alguien te preguntara cómo entiendo la vida y el amor, has de decirle que no creo en la muerte, que hace mucho salí a besar la frente de los niños”) a modo de metáfora sobre el modo en que sostenía, y sostengo, mi existencia. Los lazos transgeneracionales que me enhebran a un pasado siempre vivo y que interactúan con el presente se resignifican.

Soy bisnieta de Nute Gruer, el “rebelde” que viajó a París en 1897 junto a otros dos emisarios (Mordejai Reuben Hacohen Sinay y Abraham Braunstein) para defender los derechos de los colonos frente a la dirección de la Jewish Colonization Association y pedir la dimisión del administrador Michel Cohan. Y de su mujer, Tube/Teresa Jaraz.

Aquellas ideas libertarias prendieron en la hija menor de Nute y de Tube, mi bobe Ana, que siempre me transmitió que una mujer tiene que estudiar y trabajar para ser autónoma. “Si vive con un hombre, que sea por amor y no para que la mantenga, eso la hará libre”, me decía. Ana tuvo tres hijos varones: Bernardo, Natalio (mi padre) y Jaco. Los primeros dos contribuyeron al desarrollo de la Asociación Cultural Israelita de Córdoba y pelearon por la transformación social desde las filas del Partido Comunista.

En cuanto a mí, en el año 1969 el Cordobazo me encontró en las barricadas del barrio Clínicas, peleando junto a los obreros –yo tenía 17 años. Y el amor me advino cuando, en medio de las corridas y los gases lacrimógenos, el compañero Rudy me dio la mano para que una bomba molotov no explotara sobre mis piernas. Hace 44 años que con él seguimos juntos peleando por la vida.

Cordobazo, 1969.

El horizonte oscuro del año 1976 nos obligó más tarde a dejar nuestra querida provincia de Córdoba y a exiliarnos en Buenos Aires, con una hija de dos años y un hijo por venir en mi vientre.

Eran tiempos difíciles, como los que pasaron Nute y su mujer Teresa, con sus seis hijas, cuando los echaron del campo, luego de la misión fallida a París de 1897. Ellos terminaron asentándose en Hersilia, a 90 kilómetros de Moisés Ville. Nosotros seguimos en Buenos Aires.

Y tenemos tres hijos: Carolina, Mariano y Julián Luongo , criados con ética  de trabajo y de lucha por un mundo mejor. Mariano Luongo es hoy dirigente de Kolina, impulsando acciones para un cambio social desde ese lugar y desde el cargo de  Director de la Secretaria de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social.

Ayer y hoy, en cinco generaciones, nos anuda la esperanza y la ética  de resistirnos a un destino de desigualdad, y de pelear por un mundo más justo.

Zulema Freiberg, con la foto de su bisabuela Teresa

2 Comentario to “La saga libertaria de Nute Gruer”
  1. Margarita

    Muy emotivo y profundo relato!

  2. julio waisman

    hola Zule!!! lo leí y francamente una hermosa emoción y gratos recuerdos llegan a mi memoria y que lindo que es honrar a nuestros dignos descendientes!!! te veo el 3 con mucha alegría!!!