Andrés Kilstein participó de la presentación en la librería AlamutPor Andrés Kilstein

Los que ya pudieron conocer el libro de Javier saben que la colonia de Moisés Ville nace con el primer contingente de judíos hambrientos llegados a nuestro país en el vapor Wesser. Judíos que conocían la miseria y las persecuciones de la Europa Oriental. Mi historia familiar es parecida.

Mis bisabuelos vinieron a la Argentina cerca de 1910 en el vapor KONIG FRIEDRICH AUGUST proveniente de Hamburgo, puerto al que tuvieron que llegar por tierra. Los fundadores de Moisés Ville eran Podoliers, es decir provenientes de Podolia, los antepasados de Javier eran Grodner, es decir, provenientes de Grodno, y mis bisabuelos eran Bessaraber, es decir, provenientes de Bessarabia. Es una porción de tierra bañada por el Mar Negro y lindante con Rumania y Ucrania. Para que se den una idea, de Bessarabia proviene el famoso…bueno, en realidad de Bessarabia no proviene nada famoso. Lo más famoso que tenían eran mis bisabuelos. Vivían en un shtetl, una aldea pequeña, se llamaba Dubasari. Y era muy pobre. Mis bisabuelos para no desentonar también eran muy pobres. Pero en extremo: partiendo de la nada alcanzaron las más altas cumbres de la miseria. Eran tan pobres que se comían la ropa…y se vestían con polenta.

Eran tan pobres que los bolcheviques les dieron una luz de esperanza…y ellos pusieron una casa de iluminación. Imagínense lo que era la dieta de mis antepasados: los lunes comían bulbes (papa), los martes comían papa, los miércoles comían papa, los jueves comían papa y cuando llegaba Shabbat comían tortilla de papa. Tenían un hintele (un perro) pésimamente alimentado. Estaba tan débil el perro que cada vez que ladraba perdía el conocimiento. No sólo eran pobres, sino que además tenían un montón de hijos. Tenían tantos hijos que la cigüeña no visitaba su casa; directamente tenía su habitación. Tenían tantos hijos que cuando mi bisabuelo volvía a la casa del trabajo tenía miedo de preguntar: “¿Qué hay de nuevo?”.

Ya que estamos hablando de mi bisabuelo, él era rov (rabino). Era una persona ejemplar. Si mi bisabuelo viviera hoy, todo el mundo hablaría de él. Porque si mi bisabuelo viviera tendría 143 años. Él era rabino y al mismo tiempo muy pobre. Tal es así que en una oportunidad se acercó un joven al templo a preguntarle qué condiciones tenía que tener la carne para ser kosher. Mi bisabuelo no supo contestarle. No es que no supiera lo suficiente sobre el kosher. Jamás había escuchado hablar de la carne. Como rabino, buscaba formas alternativas de generar nuevos ingresos. En una oportunidad se presenta en el templo un Rotschild, un millonario, con su perro Doberman. Quería que mi bisabuelo le celebrase el Bar Mitzvá al perro. “Mire, eso que me pide es imposible. No puedo celebrarle el Bar Mitzvá a su perro”, “Qué lástima! Porque hace unos años otro rabino accedió a circuncidarlo por 10 mil rublos”, “10 mil?!?! Ah! Si el muchacho ya es judío es otra cosa”. Mi bisabuelo estaba muy preocupado por la pobreza que había en el pueblo de Dubasari. En una ceremonia de Shabbat suplicó al auditorio que los ricos diesen más limosnas a los pobres. La mujer, Sara, le preguntó al finalizar: “¿Tuvo éxito tu súplica?”, “A medias. Los pobres estarían dispuestos a aceptar”.

Mi bisabuelo tenía un hermano Eliahu que era ganev (ladrón). Siempre decía que lo bueno de trabajar como ladrón es que manejas tus propios horarios. Además tenía un socio con el que cometió varios atracos, varios robos. Pero abandonó a su socio cuando se dio cuenta de que no era una persona honesta. En una de sus aventuras delictivas, a Eliahu lo detienen, lo condenan a la horca, estaba en el cadalso a punto de ser ahorcado junto a otros dos criminales y le conceden un último deseo a cada uno. El primer criminal dice: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean arrojadas al mar”. Muy bien. El segundo criminal: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean depositadas en un bosque”. Muy bien. Y Eliahu: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean esparcidas en la tumba de León Tolstoi”. “Pero qué dice! Si Tolstoi todavía no murió”, “Bien, puedo esperar”.

El libro de Javier trata obviamente de crímenes cometidos contra los colonos judíos, muchos de ellos cometidos sin ningún móvil racional, por simples vándalos alcoholizados, gauchos, ladrones de poca monta en busca de un magro botín que les permitiera financiar sus vicios. El judaísmo tiene una mirada ambigua sobre el delito y el crimen. Por un lado, los 10 mandamientos incluyen el conocido “No matarás, no robarás”. Pero por otra parte en su carácter humanista el judaísmo echa cierta compasión sobre los delincuentes y rescata lo mejor de ellos. Así es como un refrán judío de Varsovia dice que “cuando el delincuente sale a robar también pide ayuda a Dios”. Hay varios refranes en idish que le dan entidad y hasta respeto al delincuente: “a ganev iz a blinder koine”, es decir, un ladrón es un cliente a ciegas, “A ganev is a hastiker soijer”, es decir, un ladrón es un comerciante apresurado y “a ganev arbet ven di reshte shlufn”, el ladrón trabaja cuando los demás duermen. Al Baal Shem Tov, el fundador del movimiento jasídico, se le atribuye lo siguiente. Según él, un buen devoto del judaísmo debe aprender tres cosas de los delincuentes: primero, a no ser perezosos y trabajar de noche si hace falta. Segundo, a no desanimarse con los fracasos y seguir intentándolo. Y tercero, a no despreciar ningún bien por más pequeño que sea. Quien quiera servir propiamente a Dios, finaliza el Baal Shem Tov, de aprender esto del ladrón.

Pero esto no termina acá. En otro relato jasídico, una vez se le reprochó al rabí Wolf de Zbaaz la defensa de unos delincuentes del pueblo, a lo que el sabio contestó: como todos los demás hombres, los delincuentes también desean servir a Dios y no encuentran la manera de hacerlo. Por el momento, están aprendiendo a permanecer en vela. Una vez que adquieran el hábito de pasar despiertos toda la noche, seguramente lo dedicarán al estudio de la Torá y al servicio del Señor.

Finalmente, quisiera cerrar con una pregunta reflexiva y un chiste. La pregunta es: ¿por qué las historias sobre los problemas que afrontaron los judíos en el pasado sólo son escritas por judíos? El siguiente chiste ilustra el interés que tienen los judíos por los problemas de su pueblo, y seguramente Javier, como escritor y periodista, se sentirá identificado. Dice así:

“Un hombre judío estaba sentado en una cafetería leyendo una publicación antisemita.

Un amigo suyo, que resultó estar en el mismo café, notó este fenómeno extraño. Muy trastornado, él se acercó y le dijo: “¿Moisés, estás loco? ¿Por qué lees una publicación antisemita? ”

Moisés contestó, “solía leer los periódicos judíos, ¿pero qué encontré? judíos siendo perseguidos, Israel siendo atacado, judíos que desaparecen por asimilación y por matrimonios mixtos, judíos que viven en la pobreza.

Entonces cambié al periódico antisemita. ¿Ahora qué encuentro? Los judíos poseen todos los bancos, los judíos controlan los medios de comunicación, los judíos son todos ricos y poderosos, los judíos gobiernan el mundo. ¡Las noticias son mucho mejores!”

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Andrés Kilstein leyó este texto en la presentación de Los crímenes de Moisés Ville, el 16 de octubre de 2013, en la librería Alamut.

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5 Comentario to “Mis bisabuelos vinieron de Bessarabia”
  1. Héctor Sagalovsky

    Como crítico literario me moriría de hambre pues escribiría un solo adjetivo aplicados tanto al texto como al autor: BRILLANTE!!! Gracias por publicarlo.

  2. RAQUEL LITVAK

    me gusto mucho lo que escribió Andres Kilstein,y por supuesto lo que lei sobre el libro LOS CRIMENES DE MOISES VILLE.Yo soy de MOISES VILLE aunque hace bastantes años que vivo en sSALTA capital.Comprare el libro en cuanto lo vea en la librería.

  3. find due date

    Hoy creo q voy a soñar con Moisés, Noé y Jonás

  4. armando kilstein

    No casualmente tengo el mismo apellido que andres soy el papa o sea como dice andres que el no sabe cuanto tuve yo que ver con su concepcion pero aunque sea fui el unico que se presento y para mi esta semana tuvo dos momentos excelentes primero cuando empece a leer el hermoso trabajo de javier y segundo cuando lei ese dechado de creatividad que fue el monologo presentacion de andres un abrazo y felicitaciones para los dos

  5. Sinay

    Muchas gracias, Armando!
    Andrés nos hizo reír a todos, una vez más, con su humor tan Kilstein.
    Javier