Apuntes etiquetados en Perla Sneh



La pasión de Simja Sneh

Simja Sneh

Por Perla Sneh

Simja Sneh nació el 15 de octubre de 1908, en la pequeña ciudad de Pulawy, en la región de Lublin[1], en el seno de una familia tradicionalista. Su padre, Menajem (Mendel) era relojero y su madre, Taube, bordadora. Tenía dos hermanas mayores, Dora y Nina, y dos hermanos menores, Isroel y Mordje. De pequeño, cursó estudios judaicos con melamdim (maestros particulares) de diversos niveles y principalmente con su tío, Itzjok Weintraub, hombre muy versado en literatura tanto hebrea e ídish como clásica y universal. Hizo su bachillerato en el gimnazjum (colegio secundario) “Príncipe Czartoryski”, donde regía el numerus clausus, cláusula que limitaba el número de judíos admitidos. Completó estudios de historia y filosofía en la Universidad Libre de Varsovia (Wschejnitsa), trabajando al mismo tiempo como representante de una fábrica de papel, mientras militaba en el Partido Obrero Polaco Socialista (PPS) y se dedicaba al periodismo, tanto en ídish como en polaco. Su primer artículo, “Sobre el Teatro Popular y Obrero”, fue publicado en el órgano de la PPS, Robotnik (El Obrero) en 1936. Desarrolló actividades en grupos de teatro obrero, como “TES” y otros conjuntos similares, escribiendo reseñas para la prensa socialista polaca. Ampliar



Eliahu Toker, z’l – Una conversación incesante

Eliahu Toker

Por Perla Sneh

¿Cómo ha de poder un solo pájaro
sostener el cielo entero
sobre sus débiles alas
por sobre el desierto?
Lea Goldberg

La pregunta de Lea  Goldberg nos alcanza en nuestra lengua con la voz de Eliahu Toker. Y digo “nos alcanza” como cuando una flecha alcanza su destino; eso dice algo de la voz de Toker.  No voy a detenerme en su biografía que muchos de los aquí presentes conocen y de la que, incluso, muchos forman parte. No es mi caso. Aunque lo conocí, por supuesto, frecuenté su obra y su persona, nunca fuimos muy cercanos; quizás cierta distancia generacional; opciones diversas; gustos diferentes; disentíamos no poco, a veces discutíamos, aunque nunca le oí elevar el tono. Y, sin embargo, algo nos reunía en las muchas o pocas veces que un café nos acompañó a conversar: la palabra ídish, su vuelo, su retorno, su despliegue en un mundo de mil matices y pocas explicaciones. Cuando hablábamos de eso, éramos amigos. Ampliar



Un singular acto de justicia

Por Perla Sneh

1898 fue un año agitado en Buenos Aires, una ciudad que soñaba con ser París. Apenas cuatro años antes quinientas antorchas habían inaugurado “La Avenida” (Avenida de Mayo), su primera gran fachada, plagada de angelotes, guirnaldas, cúpulas y balcones. 1898 fue también un año productivo para la pluma de Miguel Cané –recordado autor de Juvenilia – quien la ejercitó en la redacción de la Ley de Residencia mientras activaba para la creación de la Facultad de Filosofía y Letras, empresas ambas consideradas como bastiones contra la amenaza inmigratoria: la primera permite expulsar indeseables, la segunda promueve el estudio de las lenguas clásicas, mas no como aventura intelectual, sino como modo de preservar la pureza de la lengua argentina amenazada por la jerigonza aluvional. 1898  fue también el año en que apareció en Buenos Aires la primer hoja impresa en ídish, Der Viderkol (El eco) escrita, dirigida, vendida, difundida y grabada a mano, número por número en planchas de piedra, por Mijl Ha’Cohen Sinay, figura quizás inimaginable hoy, con algo de Quijote, algo de cuéntenik, algo del borgiano redactor de La muerte y la brújula, pero no sólo.

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